EL ÚLTIMO CAMPANAZO
El momento más duro de un deportista, enfrentar
el retiro como profesional. Un debate eterno entre la gloria o el fracaso, el
dinero o la salud física, el ego personal o el sentido común.
Sergio “Maravilla” Martínez
construyó una trayectoria exitosa casi en el anonimato. Pero a partir de su
enfrentamiento con Julio César Chávez Junior, con quien compartiera una
rivalidad tanto arriba como abajo del ring, se gestó la exposición mediática
que lo catapultó a la popularidad, prácticamente en el invierno de su carrera.
Lo cierto es que, hoy con 39 años y luego de la inesperada y dolorosa derrota a
manos de Miguel Ángel Cotto, se reavivó el debate sobre saber tomar a tiempo la
decisión del retiro.
La carrera de todo deportista de
elite es efímera. Por lo general, la edad promedio para los deportes más practicados, como
fútbol, boxeo, básquet, tenis, ronda en los 35 años, dependiendo el retiro de
múltiples factores, llámense lesiones, desgaste físico, decisión propia,
necesidad económica, objetivos incumplidos, entre otros. Pero, dentro del mundo
pugilístico en particular, demorar el adiós o, en el peor de los casos, retornar
luego de un tiempo prolongado de inactividad, no sólo está acompañado por el
fantasma del fracaso, sino que puede dejar secuelas irreversibles y de mayor
riesgo que en otra disciplina.
El boxeo como deporte moderno,
es uno de los más antiguos, nació en Inglaterra en el siglo XVIII y se expandió
rápidamente por todo el mundo. En Argentina se consolidó en 1920 con la
creación de la Federación Argentina
de Box (FAB). Sin embargo, por marcadas irregularidades, la Municipalidad de
Buenos Aires dos años después, decidió prohibir la práctica pugilística. Fue
así como surgió desde Estados Unidos, la figura del argentino Luis Ángel Firpo,
apodado “El Toro Salvaje de Las Pampas”, y que gracias a su gran campaña
coronada por una brillante actuación ante Jack Dempsey (14 de setiembre de
1923), fue que las autoridades levantaron la prohibición.
A partir de
allí y a través de los años fueron muchas las historias de tristes finales que
trascendieron y, muy pocos, los protagonistas que supieron poner punto final a
una trayectoria exitosa en el momento indicado. Vale destacar que el boxeo es
una actividad inclusiva, desde siempre atrajo a
chicos de zonas marginales que lo practicaron como salida al problema de las
drogas, pandillas y delincuencia, por lo que en algunos casos, el alcanzar fama
y dinero, llevó a que terminaran su carrera, e incluso sus días, derrotados por
los excesos.
Algunos de los retiros más tristes y emblemáticos
Uno de los más recordados es el caso de Joe Louis, campeón estadounidense que
cosechó una fortuna tras realizar 25 defensas exitosas de su título y, sin
embargo, luego de retirarse en febrero de 1949
decidió volver a pelear por necesidades económicas y, en setiembre de 1950 perdió
por puntos en 15 rounds ante Ezzard Charles. Desgastado por los golpes, disputó
su última pelea con 37 años en octubre del ´55, cuando Rocky Marciano lo noqueó
en el octavo round. Lo más triste fue que su rival no quería enfrentarlo porque
lo consideraba un ídolo, desde niño seguía sus peleas por la radio. Marciano
lloró después del combate y Louis culminó sus días en la pobreza,
ayudado por amigos, alguno de los cuales, supieron ser rivales sobre el ring.
La historia de Muhammad Alí
no es mejor. Proclamado “Rey del Boxeo” por el Consejo Mundial del Boxeo (CMB),
obtuvo en tres oportunidades el título de Campeón de Peso Completo, en 1964,
1974 y 1978. En esa última oportunidad tenía 36 años, su salud estaba resentida
y Ferdie Pacheco (médico personal), aseveró que evidenciaba síntomas de lesión
cerebral. En el ´79, mientras filmaba una miniserie, anunció su retiro. Sin
embargo un año después, por problemas económicos decidió retornar.
Don King, se
encargó de organizarle un combate por el título CMB en poder de Larry Holmes y,
por supuesto, de garantizar (con dinero) que pasara la prueba médica consiguiendo
la licencia, a pesar de la patología neurológica, notoria en problemas como el habla y pruebas básicas como llevarse el dedo a
la nariz.
En el recuerdo quedan los gritos de Holmes al árbitro
porque Alí estaba ido, no respondía los golpes y se arrinconaba en las cuerdas,
así como los de Angelo Dundee, su entrenador que fue quien puso punto final al
combate, luego del décimo round diciendo:
“¡Yo mando en este rincón!”. Pero ésto
no fue todo, el Rey no se convencía y necesitaba corregir su imagen. Insistió
en hacer otro combate que ni los mejores promotores aceptaron organizar, por lo
que él mismo, moviendo influencias, consiguió autorización para pelear en Bahamas, contra un
joven Trevor Berbick. Con un marco de gradas semivacías y ningún título en
juego, el 11 de diciembre de 1981 Alí logró al menos, aguantar los 10 asaltos de
pie, aunque el resultado fue unánime a favor de su rival.
En el plano nacional hay un caso reciente,
el de Carlos “Tata” Baldomir. Luego
de consagrarse campeón Welter del CMB en 2006, haberlo defendido con éxito una
vez ante Arturo Gatti y perderlo frente a Floyd Mayweather Jr. el mismo año
(por puntos en decisión unánime), disputó su última pelea en
2012 con 42 años y un pobre desempeño. En abril del presente se promocionó su
regreso y, según declaraciones hechas al diario Olé, el Tata alegó que aceptaba
volver porque le pagaban bien y ese dinero le servía. La pelea se realizó,
perdió por puntos ante el ruso Andrey Meryasev y anunció su retiro definitivo.
Pero no todo fue tan simple, se
suscitó un alerta en relación a la organización del evento, que sólo pareció no
importarle a Baldomir. Ni la Federación
Argentina de Boxeo (FAB), ni el CMB autorizaron el combate. De
hecho este último órgano emitió un comunicado objetando el mismo, porque
Baldomir carecía de los exámenes médicos correspondientes. El ex campeón
consiguió una autorización de la World
Pugilism Commission que fue aceptada por la Comisión de Boxeo de
Kanasín, en Yucatán, donde finalmente se concretó el enfrentamiento.
Historias como éstas hay muchas, sobre
todo de quienes más brillaron, como el portorriqueño Wilfredo Benítez que
actualmente sufre Alzheimer y está en situación precaria. El mexicano Julio
César Chávez, se retiró en 2001 y volvió a los rings en 2003, 2004 y dos veces
en 2005, la última fue derrota y confesó su adicción a la cocaína. Mike Tyson,
tal vez el más recordado, no sólo como noqueador y noqueado, sino por sus
excesos: droga, alcohol, denuncias por violaciones.
Entre los boxeadores que supieron
retirarse a tiempo se pueden mencionar a Rocky Marciano, en el ´56, con 49
victorias y siendo Campeón Mundial de los Pesados. Carlos Monzón en el ´77,
luego de 14 defensas exitosas como Campeón Mediano de la AMB y CMB. Santos Benigno
Laciar que se retiró en 1990 con 31 años, 79 peleas ganadas (30 por KO), 10
derrotas e igual número de empates.
El caso de Maravilla aún no concluye.
Según el entorno y los medios especializados la mejor decisión que puede tomar
es colgar los guantes. Logró el objetivo de recuperar el cinturón que Chávez
Junior le arrebatara en el escritorio (como él mismo afirmaba), salió del
anonimato, le demostró, no sólo a los argentinos sino al mundo entero sus
cualidades boxísticas, escribió un libro (Corazón de Rey) que es un canto al
optimismo, la esperanza y la superación cuenta con su propio gimnasio del que
ya surgió un campeón: el español Kiko Martínez y, recientemente, se conoció
otra faceta, la de promotor. Suficientes conquistas como para cerrar sin
remordimientos su capítulo de boxeador profesional.
Sin embargo, durante su presencia en Las
Vegas, en oportunidad del combate entre Marcos “El Chino” Maidana y Floyd
Mayweather expresó: “Creo que puedo seguir, que todavía me queda un cartucho,
pero no sé si soy yo o mi ego…” e inmediatamente aseguró que esperaría los
resultados médicos para tomar la decisión definitiva.
Dichos resultados llegaron y,
tras ellos hubo otros estudios más. En oportunidad de una velada promocionada
por Maravilla Box Promotion en Córdoba, Sergio regresó al país y habló con los
medios. Aún no tiene la decisión tomada y, si bien prioriza su estado físico,
no descartó un último combate. Fiel a su estilo, afirmó que de realizarse, no
sería contra un rival sencillo y no es que pretenda reconquistar el título pero
resaltó:
“Tiene que ser algo que me motive”.





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