lunes, 17 de noviembre de 2014

Opinión

Diferentes aspectos del post retiro

   Como todo trabajo deportivo y su vinculación pasional por parte de quien lo hace, el boxeo en este caso, hablar de proyecciones con respecto a sus nuevas actividades de producción social, económicas, financieras y de bienestar luego del retiro, es entender un marco de contexto que el cual atraviesa un deportista y, en algunos casos, no logra superar.
   El retiro y el retorno tienen un significado adverso en teoría, pero su línea es muy fina lo cual hace que ciertas conductas contradigan su sentido y que logren entender que del retiro al retorno hay un solo paso.
   La relación entre la actividad y el deportista consta de un vínculo muy pesado que se aferra tanto a quien lo desarrolla, que al momento de entender su retiro, aceptarlo se vuelve una decisión imposible de querer ver. No solamente observamos estas manifestaciones en el boxeo, sino que esta conducta se refleja en un abanico de disciplinas deportivas, donde sus protagonistas no pueden aceptar desvincularse de la práctica.
   Orientados en la actividad boxística vamos a ver cómo diferentes pugilistas han mencionado su retiro y, luego de un tiempo determinado, llaman a su retorno. La inactividad, el no subirse al ring, hacen del deporte un vínculo de extrañar lo único que sienten poder hacer bien.
   Diferentes son los casos y circunstancias de cada boxeador, algunos aceptan el adiós y siguen su vinculación desde la enseñanza, compartiendo el aprendizaje, entrenando a chicos en el ámbito del amateurismo o a nivel profesional.. Otros recaen y se ciegan en la idea de volver a ponerse los guantes de cualquier forma, sin pensar en el verdadero nivel que requiere una actividad de alto riesgo como el boxeo.

   Actualmente un caso relevante más que podríamos analizar es el retiro de Sergio Maravilla Martínez, quien luego de su última pelea puso en duda la continuidad dentro de esta actividad y, en los últimos días corrió el rumor de que el pugilista volvería por una pelea más, en la cual únicamente imagina una victoria. En el caso de que la misma se desarrolle, otra vez veríamos esta conducta de la imposibilidad de decisión con respecto al momento clave del retiro y también si un boxeador, luego de un período importante de inactividad se encuentra a la altura de pelear profesionalmente.

Entrevista

“LOS GOLPES NO SON CARAMELOS”


     El platense Santiago Acosta, que fuera campeón Argentino y Sudamericano de los supermoscas, relató sus vivencias como boxeador profesional y de qué forma afrontó el retiro hasta convertirse en técnico.

      Hijo del boxeador Máximo Acosta ya de chico, junto a sus hermanos, aprendió las artes del pugilismo. Con cabezales caseros y guantes grandes para que no se lastimaran, en un galponcito del fondo de la casa donde vivían, el padre les transmitió no sólo los secretos de esta disciplina, sino también la pasión. Santiago Acosta ganó desde el amateurismo, torneos provinciales, nacionales y recorrió, con la Selección Argentina, 11 países durante seis años, obteniendo medallas de oro, plata y bronce. Hoy, a los 34, se desempeña como entrenador en el Club Chacarita Platense con Pablo, uno de sus hermanos.
-         Hola Santiago, contame un poquito tus logros como profesional.
-         Hice una carrera larga de boxeo y gané cosas de amateur y de profesional.  De amateur gané muchos campeonatos, he participado en Panamericanos y diferentes torneos importantes y, de profesional, salí campeón Argentino y Sudamericano y peleé por el título del mundo. Fue una larga trayectoria que me hizo conocer lugares, gente. Es un deporte muy lindo.
-         ¿En 2012 fue tu última pelea?
-         Sí, peleé por el título del mundo y me retiré. Después que hice esa pelea estaba con ganas de hacer otras pero me fui alejando de a poquito, cada vez más y la vida me fue llevando a trabajar de otras cosas. Me metí como técnico y dije ya está, porque es muy sacrificado. Hay que entrenar muy fuerte y te tenés que cuidar el peso, muy sacrificado pero muy contento igual. No es que me quejo, pero digo: hasta acá llegué, me retiré.
-         ¿Cómo tomaste el retiro?
-         Al principio, yo me doy cuenta que muchos boxeadores que se retiran después vuelven. Y es que toda la vida boxeaste, te dan ganas (de volver). Pero a mí, pienso que me mata (me calma) la ansiedad de volver el estar todo el día en el gimnasio, pero hoy en día como técnico. No me dan ganas de volver, si todos los días estoy con los pibes ahí, así que mato la ansiedad con eso.



“Con la experiencia que tenemos, hacemos un poco de papá, de psicólogo, de amigo más que nada, para aconsejarlos bien a los chicos que están peleando. Tenemos muchos que andan muy bien”



-         En el equipo de entrenamiento ¿Contás con algún psicólogo deportivo?
-         No, no. Lo hablamos nosotros. Pienso que con la experiencia que tenemos (él y Pablo) hacemos ese trabajo también, un poco de todo, Un poco de papá, de psicólogo, de amigo más que nada, hacemos todo ese trabajo para aconsejarlos bien a los chicos que están peleando. Tenemos muchos que andan bien, hay dos chicos que salieron campeones argentinos en un torneo de Salta. Muy buen entrenamiento les hacemos hacer.
-         ¿Cómo tomó el retiro tu papá o tu hermano?
-         Toda mi familia es de boxeadores. Un hermano que tengo, que ahora estamos compañeros como técnicos (Pablo), él se retiró y nada más. Pero después otro (Simón), se retiraba y volvía, se retiraba y volvía, como somos de una familia de boxeadores, mi viejo, mis hermanos…
-         Claro, y ¿Qué opinás? Yo sé que en la mayoría de los que vuelven las consecuencias son, generalmente, negativas.
-         Sí, comúnmente claro, los que vuelven lo hacen porque ya pelearon en una categoría y, después te retirás y seguro que estás más pesado, peleás en otra categoría más pesada, que pegan más fuerte y seguro que va a ser negativo. Y ni hablar si dejaste dos años, no estás bien físicamente y… los golpes no son caramelos, digamos y te hacen mal a la cabeza, al cerebro.
-         ¿Y porqué pensás que retornan?
-         Pienso que retornan porque, al pelear tantos años, ésto es como un “vicio”, es medio vicioso el boxeo. Un vicio bien, digamos, te dan ganas de volver, así pasa, es por éso. Me doy cuenta con los años que es así, no te dan ganas de dejarlo. Cuando yo atiendo un chico en el rincón, me agarran ganas de pelear, una adrenalina especial pero, gracias a Dios, tengo la cabeza bien puesta, ya peleé, no me voy a seguir golpeando de gusto.


Cuando atiendo a un chico en el rincón me agarran ganas de pelear, una adrenalina especial. Pero, gracias a Dios, tengo la cabeza bien puesta, ya peleé, no me voy a seguir golpeando de gusto”


-         Hay una nueva ley que le va a dar obra social al boxeador, lo va a tratar más como si fuera un trabajador. ¿Pensás que eso puede beneficiar a que no vuelvan tan apresuradamente?
-         Y, no, yo no estoy tan al tanto pero sé que obra social hay. Pero pienso que, fundamentalmente, cuando estás boxeando tiene que haber alguien que te banque. A mí en su momento me bancó la UOCRA.
-         Es importante el apoyo.
-    Sí, apoyo para decir: me retiro y puedo seguir trabajando. A mí me bancó la UOCRA tres años, el único. No tuve suerte de que otro me banque. La UOCRA me bancó los últimos tres años y cuando le dije al Secretario General no boxeo más, me dijo: y cómo, si hay otros que siguen peleando. Pero bueno, yo ya no quiero pelear más, pero no me bancó más. Y eso es lo que me pasó y dije: ¿Qué hago ahora? Parecía que se me venía el mundo encima y, gracias a Dios, la vida me fue llevando, pidiéndole un poco a Dios, qué se yo y…
-         Sí, y aparte pudiste montar este gimnasio que te llevó a estar mejor preparado, a sostenerte más.
-         Claro, claro y es lo que hoy en día, más allá de que hago otras cosas, este lugar nos está dando frutos: de sacar boxeadores y sacarlos de que no estén en la calle más que nada. Que tengan una perspectiva de vida si no estudian, que digan bueno, yo boxeo.
-         Claro, y aparte el orgullo de que esos boxeadores anden bien.
-         Y claro, ni hablar que anden bien y yo poder decir: mirá a este boxeador, en vez de estar jodiendo, a este boxeador lo saqué yo campeón o hice lo posible para que pueda salir campeón o, por lo menos, no campeón pero que llegue a pelear y haga un modo de vida como lo hice yo.
-         Sí, y poder mostrar también tu experiencia como boxeador, pero ahora como entrenador.
-    Y claro, todo lo que he aprendido yo en los años de combate, de peleas, porque tuve mucha experiencia, he viajado a muchos países como amateur y como profesional, y aprendí muchas cosas en el camino de boxeador. Con todo eso, lo bueno y lo malo, los aconsejo, los voy guiando a los chicos para que no cometan lo que, capaz, yo cometí, así como cosas que digo que están bien  para que las hagan.
-         Bueno, muchas gracias por tu tiempo, me alegro que tengas este gimnasio, puedas sacar boxeadores buenos y, sobre todo, que hayas tomado bien el retiro.
-         Bien, gracias a vos por la nota, pude expresar todo lo que quería contar, un gusto.
     Santiago es un muy buen ejemplo para los chicos que acuden a su gimnasio, no sólo puede enseñarles todo lo que su rica trayectoria le hizo conocer sobre el boxeo, sino que además, está capacitado mentalmente para asumir que se trata de un deporte, la vida es otra cosa, es más larga y hay que saber cuidarse para transitarla en forma optimista y saludable, hay que saber decir adiós a tiempo. Después de todo, aunque desde otro lugar, sigue ligado a su pasión: el noble deporte de los puños.

Informe Especial

BOXEO PROFESIONAL


EL ÚLTIMO CAMPANAZO

El momento más duro de un deportista, enfrentar el retiro como profesional. Un debate eterno entre la gloria o el fracaso, el dinero o la salud física, el ego personal o el sentido común.

 Sergio “Maravilla” Martínez construyó una trayectoria exitosa casi en el anonimato. Pero a partir de su enfrentamiento con Julio César Chávez Junior, con quien compartiera una rivalidad tanto arriba como abajo del ring, se gestó la exposición mediática que lo catapultó a la popularidad, prácticamente en el invierno de su carrera. Lo cierto es que, hoy con 39 años y luego de la inesperada y dolorosa derrota a manos de Miguel Ángel Cotto, se reavivó el debate sobre saber tomar a tiempo la decisión del retiro.  

     La carrera de todo deportista de elite es efímera. Por lo general, la edad promedio  para los deportes más practicados, como fútbol, boxeo, básquet, tenis, ronda en los 35 años, dependiendo el retiro de múltiples factores, llámense lesiones, desgaste físico, decisión propia, necesidad económica, objetivos incumplidos, entre otros. Pero, dentro del mundo pugilístico en particular, demorar el adiós o, en el peor de los casos, retornar luego de un tiempo prolongado de inactividad, no sólo está acompañado por el fantasma del fracaso, sino que puede dejar secuelas irreversibles y de mayor riesgo que en otra disciplina.
     El boxeo como deporte moderno, es uno de los más antiguos, nació en Inglaterra en el siglo XVIII y se expandió rápidamente por todo el mundo. En Argentina se consolidó en 1920 con la creación de la Federación Argentina de Box (FAB). Sin embargo, por marcadas irregularidades, la Municipalidad de Buenos Aires dos años después, decidió prohibir la práctica pugilística. Fue así como surgió desde Estados Unidos, la figura del argentino Luis Ángel Firpo, apodado “El Toro Salvaje de Las Pampas”, y que gracias a su gran campaña coronada por una brillante actuación ante Jack Dempsey (14 de setiembre de 1923), fue que las autoridades levantaron la prohibición.

     A partir de allí y a través de los años fueron muchas las historias de tristes finales que trascendieron y, muy pocos, los protagonistas que supieron poner punto final a una trayectoria exitosa en el momento indicado. Vale destacar que el boxeo es una actividad inclusiva, desde siempre atrajo a chicos de zonas marginales que lo practicaron como salida al problema de las drogas, pandillas y delincuencia, por lo que en algunos casos, el alcanzar fama y dinero, llevó a que terminaran su carrera, e incluso sus días, derrotados por los excesos.



Algunos de los retiros más tristes y emblemáticos

Uno de los más recordados es el caso de Joe Louis, campeón estadounidense que cosechó una fortuna tras realizar 25 defensas exitosas de su título y, sin embargo, luego  de retirarse en febrero de 1949 decidió volver a pelear por necesidades económicas y, en setiembre de 1950 perdió por puntos en 15 rounds ante Ezzard Charles. Desgastado por los golpes, disputó su última pelea con 37 años en octubre del ´55, cuando Rocky Marciano lo noqueó en el octavo round. Lo más triste fue que su rival no quería enfrentarlo porque lo consideraba un ídolo, desde niño seguía sus peleas por la radio.   Marciano  lloró  después  del  combate  y Louis culminó sus días en la pobreza,  ayudado por amigos, alguno de los  cuales, supieron ser rivales sobre el ring.
     La historia de Muhammad Alí no es mejor. Proclamado “Rey del Boxeo” por el Consejo Mundial del Boxeo (CMB), obtuvo en tres oportunidades el título de Campeón de Peso Completo, en 1964, 1974 y 1978. En esa última oportunidad tenía 36 años, su salud estaba resentida y Ferdie Pacheco (médico personal), aseveró que evidenciaba síntomas de lesión cerebral. En el ´79, mientras filmaba una miniserie, anunció su retiro. Sin embargo un año después, por problemas económicos decidió retornar.

     Don King, se encargó de organizarle un combate por el título CMB en poder de Larry Holmes y, por supuesto, de garantizar (con dinero) que pasara la prueba médica consiguiendo la licencia, a pesar de la patología neurológica,  notoria en problemas como el    habla y pruebas   básicas como llevarse el dedo a la nariz.

     En el recuerdo quedan los gritos de Holmes al árbitro porque Alí estaba ido, no respondía los golpes y se arrinconaba en las cuerdas, así como los de Angelo Dundee, su entrenador que fue quien puso punto final al combate, luego del décimo round  diciendo:  “¡Yo mando en este rincón!”. Pero ésto no fue todo, el Rey no se convencía y necesitaba corregir su imagen. Insistió en hacer otro combate que ni los mejores promotores aceptaron organizar, por lo que él mismo, moviendo influencias, consiguió  autorización para pelear en Bahamas, contra un joven Trevor Berbick. Con un marco de gradas semivacías y ningún título en juego, el 11 de diciembre de 1981 Alí logró al  menos, aguantar los 10 asaltos de pie, aunque el resultado fue unánime a favor de su rival.      En el plano nacional hay un caso reciente, el de Carlos “Tata” Baldomir. Luego de consagrarse campeón Welter del CMB en 2006, haberlo defendido con éxito una vez ante Arturo Gatti y perderlo frente a Floyd Mayweather Jr. el mismo año (por puntos en decisión unánime), disputó su última pelea en 2012 con 42 años y un pobre desempeño. En abril del presente se promocionó su regreso y, según declaraciones hechas al diario Olé, el Tata alegó que aceptaba volver porque le pagaban bien y ese dinero le servía. La pelea se realizó, perdió por puntos ante el ruso Andrey Meryasev y anunció su retiro definitivo.
Pero no todo fue tan simple, se suscitó un alerta en relación a la organización del evento, que sólo pareció no importarle a Baldomir. Ni la Federación Argentina de Boxeo (FAB), ni el CMB autorizaron el combate. De hecho este último órgano emitió un comunicado objetando el mismo, porque Baldomir carecía de los exámenes médicos correspondientes. El ex campeón consiguió una autorización de la World Pugilism Commission que fue aceptada por la Comisión de Boxeo de Kanasín, en Yucatán, donde finalmente se concretó el enfrentamiento.
     Historias como éstas hay muchas, sobre todo de quienes más brillaron, como el portorriqueño Wilfredo Benítez que actualmente sufre Alzheimer y está en situación precaria. El mexicano Julio César Chávez, se retiró en 2001 y volvió a los rings en 2003, 2004 y dos veces en 2005, la última fue derrota y confesó su adicción a la cocaína. Mike Tyson, tal vez el más recordado, no sólo como noqueador y noqueado, sino por sus excesos: droga, alcohol, denuncias por violaciones.
Entre los boxeadores que supieron retirarse a tiempo se pueden mencionar a Rocky Marciano, en el ´56, con 49 victorias y siendo Campeón Mundial de los Pesados. Carlos Monzón en el ´77, luego de 14 defensas exitosas como Campeón Mediano de la AMB y CMB. Santos Benigno Laciar que se retiró en 1990 con 31 años, 79 peleas ganadas (30 por KO), 10 derrotas e igual número de empates.
     El caso de Maravilla aún no concluye. Según el entorno y los medios especializados la mejor decisión que puede tomar es colgar los guantes. Logró el objetivo de recuperar el cinturón que Chávez Junior le arrebatara en el escritorio (como él mismo afirmaba), salió del anonimato, le demostró, no sólo a los argentinos sino al mundo entero sus cualidades boxísticas, escribió un libro (Corazón de Rey) que es un canto al optimismo, la esperanza y la superación cuenta con su propio gimnasio del que ya surgió un campeón: el español Kiko Martínez y, recientemente, se conoció otra faceta, la de promotor. Suficientes conquistas como para cerrar sin remordimientos su capítulo de boxeador profesional.
     Sin embargo, durante su presencia en Las Vegas, en oportunidad del combate entre Marcos “El Chino” Maidana y Floyd Mayweather expresó: “Creo que puedo seguir, que todavía me queda un cartucho, pero no sé si soy yo o mi ego…” e inmediatamente aseguró que esperaría los resultados médicos para tomar la decisión definitiva.
Dichos resultados llegaron y, tras ellos hubo otros estudios más. En oportunidad de una velada promocionada por Maravilla Box Promotion en Córdoba, Sergio regresó al país y habló con los medios. Aún no tiene la decisión tomada y, si bien prioriza su estado físico, no descartó un último combate. Fiel a su estilo, afirmó que de realizarse, no sería contra un rival sencillo y no es que pretenda reconquistar el título pero resaltó:

 “Tiene que ser algo que me motive”.